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Ene 22

Trabajador de turismo en Cuba

Trabajando en el turismo en Cuba

Juan Carlos Morales tiene una doble condición laboral, es trabajador por cuenta propia, acreditado con la licencia que las autoridades le otorgaron para realizar su gestión y además posee licencia de la Oficina del Historiador de la Ciudad, lo que le permite vender dentro del Casco Histórico de la Ciudad, la zona turística exclusiva de la Habana Vieja, que cuenta con una gran afluencia de turismo extranjero durante todo el año. Así que Juan Carlos es cuentapropista y trabajador del turismo a la misma vez.

Lo más peculiar es que Juan Carlos Morales disfruta de estas dos licencias especiales para realizar una de las labores más elementales de las que se autorizan en el mercado de los cuentapropistas cubanos.

“Yo vendo libros viejos, en medio de la Plaza de Armas tengo mis exhibidores, mis principales clientes son los turistas extranjeros que vienen a la parte vieja de la Ciudad, la zona que repararon para que los visitantes conozcan lo que era la Cuba Colonial”.

El desarrollo del turismo en Cuba no se limita a la explotación de las playas y al disfrute del sol, otros lugares con atractivos especiales se han convertido en destinos obligatorios para todos los turistas que visitan el país. Entre estos destinos alternativos, la parte histórica de la Ciudad de La Habana es un polo turístico importante, con sus viejas fortalezas y sus calles coloniales se convierte en el paseo preferido de todo visitante.

En esta parte conocida como Casco Histórico, se desarrollan diversas actividades comerciales que persiguen garantizar parte de los ingresos necesarios para el mantenimiento y reparación del propio sitio histórico, por lo que es habitual encontrar restaurantes, tabernas, artesanos, artistas callejeros y lugares ambientados con diferentes motivos y épocas.

“Todo lo que llame la atención del turismo estará representado en estas viejas plazas – explica Juan Carlos – , así que cuando el historiador de la ciudad descubrió que había interés por los libros viejos también nos permitió entrar a estos predios controlados”.

El exhibidor de Juan Carlos es de más de cuatro niveles y está conformado con tablas rústicas y bandas elásticas para sostener los libros. “Los más atractivos los pongo a la altura de la vista, siempre son los libros viejos con encuadernación de pasta dura, o los forrados en cuero. Hay veces que solo se tratan de directorios o libros de textos de escuela, pero su estilo antiguo y el amarillo de sus páginas garantiza que se vendan enseguida”.

En cajas de cartón transporta otros libros que no le caben en el exhibidor, pero son bultos que pueden ser revisados también por los interesados. El set de trabajo de Juan Carlos lo completan dos sillas plegables y una carretilla plana en donde transporta todas sus pertenencias.

“No se confundan, este momento de la venta es el más tranquilo de mi operación, pero para llegar al instante de la venta, mi esposa y yo hemos tenido que recorrer todas las provincias, regatear con los dueños originales, trasladar hasta mi casa los libros que conseguimos y hacer todo esto en tiempo record para poder estar a tiempo en mi esquina de la Plaza”.

Unos clientes revisan y compran algunas de las revistas viejas que Juan Carlos tiene en la base del exhibidor. “Estas tienen muy buena salida, pero quedan pocas en el mercado, además la oficina del Historiador de la Ciudad no deja que se vendan las revistas anteriores a 1945, las declaró patrimonio nacional y si te sorprenden vendiéndolas las confiscan”.

Juan Carlos dice que a veces choca con clientes que en voz baja le piden libros prohibidos o alguna obra que se encuentre protegida. “Pero yo no me meto en rollos, con mis libros me va bien y si me pongo a inventar me puede pasar como a otros que lo han perdido todo por hacerse los intrépidos”.

Juan Carlos asegura que hay espacio para muchos más vendedores de libros viejos en el mercado. “Donde veas aglomeración de turistas, allí puedes vender tus libros, no tiene que ser solo en la parte histórica de la ciudad, ahora mismo hay vendedores de libros en Matanzas y en Las Villas, que viven solo de vendernos a nosotros, hasta allá vamos y les compramos para luego vender aquí, ellos ya saben lo que queremos, así que si aparece otros vendedores con licencia que opere mucho más cerca pues también le compro”.

El se burla de los datos que están inscritos en sus licencias. “Tenedor, ni que fuera un cubierto, yo soy vendedor de libros viejos, porque los nuevos no los quiere nadie”. Unos turistas le piden libros con fotos del Che y Juan Carlos literalmente se sumerge en una de sus cajas de cartón, “aquí los tengo”, dice mientras les extiende varios tomos, no tan viejos pero con grandes fotos del guerrillero argentino. “El Che es una de las atracciones turísticas más importante, fotos, camisetas, gorras, todo lo del Che se vende, por eso siempre tengo libros de él a mano, sobre todo los que tienen fotos”.

Es un trabajo elemental, pero bien remunerado y con un gran futuro, Juan Carlos solo le ve un problema. “Cuando llueve tengo que correr como loco, únicamente nos dejan operar al aire libre y en el lugar que te asignan, así que siempre tengo mis nylons y la carretilla lista para emprender la fuga”. De manera inconsciente, Juan Carlos otea el cielo y evalúa cada nube, “hoy no llueve, creo”, dice y sonríe mientras invita a una pareja a que revisen su estante.

Históricamente Cuba ha sido un país de muchas publicaciones, por ello hay un gran acumulado de literatura impresa. Se debe distinguir entre obras comunes y aquellas que por su significado mantienen un valor extraordinario para la cultura y el patrimonio del país. Garantizando este respeto, la profesión de Tenedor de Libros es una actividad de cuentapropistas que sin un elevado esfuerzo físico puede brindar buenos resultados al trabajador independiente cubano.