«

»

Nov 15

La historia de Aníbal

Aníbal

En seguida se puede notar su presencia, quizá porque es un hombre muy alto, o a lo mejor por la bata blanca, limpia e impecable que siempre le acompaña. Pero Aníbal no es doctor ni trabaja en nada que se asocie a la medicina. Es el barbero, el más experimentado en su barrio y el de mayor clientela entre todos los que viven de cortarles el cabello a los vecinos del municipio habanero de Marianao.

Antes trabajaba para una barbería del Estado, junto con otros cuatro compartía un local que era administrado por los órganos del Poder Popular y donde se les asignaba un sueldo mensual fijo, sin importar la cantidad de pelados que hiciera.

“Un peso, esa era la tarifa oficial que todos cobrábamos por un corte de cabello, daba lo mismo si solo usabas la máquina eléctrica o si hacías el trabajo completo a base de peine y tijeras, al final solo un peso”, comenta Aníbal, “pero las cosas han cambiado, las barberías del Estado han comenzado a desaparecer, por eso cambié la forma y ahora trabajo por mi cuenta”.

Qué hace Aníbal

Aníbal es cuentapropista, tiene licencia de barbero y el negocio le permite mantener a su familia. “Mi nuevo local es mi propia casa, mi clientela es la misma de antes, así que puedo decir que me aproveché del Estado y me quedé con casi todos sus clientes”.

La barbería de Aníbal está ubicada en lo que fuera el garaje de su casa, con la diferencia de que ahora las paredes están cubiertas por largos espejos, en el centro reposa un enorme sillón giratorio que lleva más de un siglo al servicio de diferentes barberos, de uno de sus brazos cuelga una ancha correa de cuero donde Aníbal asienta el filo de su navaja para dar los últimos retoques a las patillas del cliente que descansa en el cómodo sillón.

“Por suerte están de moda las barbas cortas, con esto me ha aumentado la clientela y ahora, además de los cortes de pelo habituales, retoco a muchos que prefieren lucir los candados del momento o los delineados bigotes”, comenta.

Han llegado dos clientes que mientras esperan siguen atentos los comentarios del barbero. “En mi negocio rezamos porque no vuelva la moda del pelo largo, esos años fueron los peores momentos para nosotros, por lo general siempre tenemos suficiente trabajo, la barbería no es solo el lugar donde te cortas el cabello, aquí se viene a socializar también, a conversar, a pasar el rato”.

Las tarifas oscilan alrededor de los treinta pesos por corte, siempre en dependencia de lo complejo del pelado o de la cantidad de tiempo que consuma por cliente. “Pero tengo una nueva forma de aumentar los ingresos, ahora pelo a domicilio”.

Aníbal está visitando la casa de algunos clientes y con ello la tarifa aumenta. “Son personas que trabajan mucho o que no tienen tiempo para venir hasta aquí y entonces me agradecen que yo les llegue hasta la casa y les haga el pelado sin robarles su tiempo de descanso, los pelo frente al televisor o mientras comparten con la familia, al final todos estamos contentos, ellos con su comodidad y yo con mis tarifas”.

Hay muchas sillas en el local de Aníbal, demasiadas para un solo barbero, si se llenaran de clientes no alcanzaría el día para atenderlos a todos. El barbero explica la razón, “Tres veces por semana tengo una escuela, estoy autorizado para esto, así que no hay nada ilegal en dar clases a la personas interesadas en aprender el oficio”.

Las tardes de los lunes, miércoles y viernes de cada semana el local del barbero se llena de jóvenes, hembras y varones. “Muchos quieren comenzar su propio negocio, por eso vienen a que les enseñe los secretos de la profesión, que no es solo peinar y cortar, hace falta dominar muchos aspectos del arte de pelar sin molestar al cliente”.

Solo cobra cien pesos por el curso de tres semanas, no es muy caro pero le permite mantener el salón lleno. “A la tercera semana se van sabiéndolo todo, desde cómo atarle la tela al cuello del cliente, o la mejor forma de sacudir los cabellos cortados, hasta el arte de solo apoyar las yemas de los dedos para hacer cortes o raspados, porque aunque parezca raro, lo más importante para un barbero es saber que al cliente se le ha de tocar lo menos posible, siempre con la punta de los dedos y nunca con las dos manos a la vez”.

Aníbal ha diversificado su profesión de tal manera que ha aumentado la rentabilidad de su operación, no asegura que haya suficiente mercado para que muchos más trabajen como barberos y que las licencias se encuentran abiertas. “Todo cubano necesita de un barbero, hasta yo preciso de uno, alguien que me corte el cabello y que me escuche mis cuentos, así que imagínate si hay espacio o no para muchos otros”.