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Ene 07

Enfocar el riesgo Cubano

El riesgo en Cuba

Durante las últimas semanas nos hemos concentrado en conocer cómo se comporta el registro de nuevos trabajadores por cuenta propia a nivel nacional. La tendencia general en todas las provincias es de un crecimiento constante en las inscripciones de cuentapropistas. Pero es el registro de agricultores independientes el de mayor repercusión, aunque los índices señalan que para otras licencias también hay una tendencia a la alza con respecto a años anteriores.

Sin embargo, en cada provincia nos refirieron la existencia de un pequeño número de personas que desistían de continuar con su condición de cuentapropistas.

A diferencia de los trabajadores por cuenta propia que pierden su licencia por violaciones del reglamento, este pequeño porcentaje de trabajadores renunciaban voluntariamente a su condición de trabajadores independientes. Algunos de ellos ni siquiera terminaron el proceso de inscripción. A pesar de haber presentado las planillas para hacer la solicitud, con posterioridad comunicaron su negativa a continuar con el proceso.

En las diferentes oficinas de la ONAT nos advierten que no hay correlación entre los que renuncian y los que se inscriben. Los primeros son un número pequeño comparado con los que presentan solicitudes para incorporarse al sector como cuentapropistas.

La actividad vs Riesgo

De cualquier manera, aunque sean pocos, nos interesaba conocer las causas que llevaban a estas personas a no querer participar en una actividad que podía garantizarles un futuro mejor. Es así que logramos realizar una encuesta entre algunos de ellos.

Las justificaciones que exponen se fundamentan en diferentes razonamientos, pero hay un argumento común que se repite constantemente y que coincide en la toma de esta decisión por parte de todos: El temor al riesgo. Todos temían al riesgo que implica enfrentar una actividad nueva.

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Algunos aseguraban no poder asumir el riesgo del posible fracaso de su gestión. Tomar la decisión de operar un negocio familiar implica realizar una serie de gastos e inversiones extraordinarias que se deberían garantizar con carácter previo al inicio de la gestión comercial. Estos gastos iniciales suelen comprometer todos los ahorros de la familia y hasta algunos recurren a préstamos de dinero de vecinos y familiares. Si el negocio tuviera un mal desempeño todos estos gastos se perderían irremediablemente. Los que desistían de inscribirse para obtener la licencia de cuentapropistas, no se atrevían a correr este riesgo.

Otros no se sentían seguros con la rentabilidad de la actividad a la que se querían dedicar y como no les quedaba claro si ganarían mucho con la operación prefirieron no asumir el riesgo.

Un tercer grupo justificó su arrepentimiento señalando el temor que sintieron ante la cantidad de personas que se inscribían en su mismo giro, lo que haría dura la competencia y por ello prefirieron no arriesgarse.

En la historia laboral del trabajador cubano ha existido un vínculo de dependencia con el Estado. La mayoría de los trabajadores se desempeñaban en entidades estatales, donde su misión se limitaba a producir. El Estado era el propietario de la inversión, los medios de producción, la comercialización y la ganancia, por lo que todos los riesgos eran asumidos por el propio Estado.

Sin embargo, al momento de enfrentar las labores como cuentapropistas, la participación del Estado es nula, solo actúa en funciones de control y dirección.

Ahora, la totalidad del riesgo pasa a ser del trabajador cuentapropista.

En el mercado privado se crea una nueva relación del trabajador con su negocio, nexo que se hace valer por primera vez y que lo convierte en el máximo responsable de todo lo que acontezca en el proceso productivo. El riesgo, por primera vez en la vida laboral del trabajador cubano, está bajo su total control y es un hecho dificil para el que no se encuentra preparado.

Pero el temor al riesgo no debe frenar a ningún trabajador por cuenta propia. Arriesgarse es una conducta necesaria que deben tener los trabajadores privados, el riesgo es una de las partes fundamentales de la actividad comercial.

Ninguna inversión se hace sobre la base de una efectividad total o un resultado perfecto. Esas condiciones no se dan ni en las más elementales gestiones comerciales. Un cuentapropista siempre tendrá que arriesgarse, nada es perfecto dentro del campo comercial.

Hay que saber distinguir los riesgos reales y no confundirlo con otras situaciones que no se deben asumir, casos extremos o contraproducentes que no se pueden interpretar como arriesgarse sino como una actitud imprudente. La imprudencia no es justificable ni viene disfrazada de riesgo. Arriesgarse es necesario pero no significa delinquir o violar la norma administrativa que regula el proceso productivo del cuentapropista.

Hay condiciones riesgosas que se repiten con cierta frecuencia dentro de la realidad mercantil cubana. Los huracanes, las inundaciones, el extremo calor del verano, las lluvias de primavera. Estas condiciones se suceden con determinada periodicidad y la inversión personal debe estar fundamentada en condiciones que permitan sortearlas o sobreponerse a ellas.

Otros riesgos son fortuitos, como la pérdida del suministro de materia prima, la disminución de la demanda por lo exclusivo o elitista de la oferta del cuentapropista, o la incidencia de muchos cuentapropistas en la misma zona. Estos casos deben ser calculados antes del inicio de la gestión comercial. Si los cálculos señalan que la inversión será mala o no rentable es un riesgo que evidentemente no debes asumir. Pero si el cálculo está en el marco de una operación rentable, asúmelo, no temas.

El riesgo en definitiva, no es otra cosa que un instrumento de medida con el que cuenta el trabajador por cuenta propia para evaluar su inversión y el desarrollo de su gestión.

Nadie debe suponer que la existencia de un riesgo es causa suficiente para desistir de la condición de cuentapropista. Arriesgarse es para el trabajador privado cubano como el agua para la germinación de las plantas, forman un todo, partes indisolubles que no se pueden analizar por separado.

En conclusión, los entrevistados habían rechazado la opción que se les presentaba por desconocimiento de la realidad, por falta de preparación previa para enfrentar su nueva condición. Actitud que les perjudica y les limita su potencialidad. Tranquiliza ver que un número mucho mayor de cuentapropistas asumen el riesgo. Para ellos el miedo al fracaso no es una opción.