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Nov 12

El trabajo por cuenta propia en Cuba

Ariel Terrero es un rostro familiar para todos los cubanos, por su presencia constante en la televisión nacional como analista económico de los programas informativos nacionales. Sus comentarios intentan hacer comprender el rumbo y las intenciones de las nuevas políticas económicas del Estado. Se diría que es un referente obligatorio para todos y tal vez un consultor emergente para cada duda popular.

La semana pasada Ariel Terrero, en su habitual comentario televisivo, indicó que sectores como los servicios de alimentación y el comercio minorista pueden tener mejores desempeños si se ponen en práctica nuevas fórmulas.

Aunque evitó decir que tales formulas se asociaban al nuevo sector de trabajadores privados que hoy se desarrolla como parte del mercado nacional, fue evidente que contemplaba esta posibilidad como la solución a los problemas de los servicios de alimentación y el comercio en todo el país. Aseguró que la autoridad económica debería considerar entregar más áreas de la economía nacional a otras manos diferentes y más allá de los controles del Estado.

“En la economía cubana hay que buscar fórmulas más dinámicas, más inteligentes de entender la propiedad, de administrar una empresa, de administrar una cafetería”, dijo Terrero. Este análisis resulta novedoso en el ambiente nacional donde cerca del 90 por ciento de la economía está bajo el control del Estado.

En honor a la verdad, Terrero se ha convertido en uno de los más entusiastas voceros no oficiales con que cuenta la actividad de los cuentapropistas cubanos. Desde hace tiempo ha comenzado a asociar la actividad del trabajador por cuenta propia como el mejor método para solucionar muchos de los diversos problemas que aquejan el mercado nacional interno.

El comentarista mencionó como ejemplo de decisiones acertadas las reformas recientemente impulsadas en la agricultura, como la descentralización en la toma de decisiones y el dar un mayor énfasis a las cooperativas y las granjas privadas, así como en el arrendamiento de tierras estatales sin cultivar, entregadas a más de ochenta mil personas.