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Dic 23

El Payaso

Desde que era estudiante de medicina, ya Francisco formaba parte de la banda de la escuela, siempre tocando el saxofón.

Más tarde, de común acuerdo con unos amigos, montó una especie de grupo musical que interpretaba las canciones de moda y amenizaba todas las fiestecitas de la época. Eran los tipos más populares de la escuela, pero no sin un sacrificio extraordinario.

Su pasión por el saxofón le arrancaba horas extras cada día, Francisco debía practicar los tonos y los ritmos de las canciones de moda luego de haberse aprendido los temas de su carrera. Cada noche repartía su tiempo entre los libros de texto de las diferentes asignaturas y los sonidos melodiosos de su jorobado instrumento musical. Por eso llegaba a la cama cuando ya el resto de sus compañeros dormían.

Francisco se graduó de mecánico dental en 1989, desde entonces trabaja en una clínica del Estado, lleva muchos años ejerciendo su profesión a tiempo completo, pero no por ello ha renunciado a su pasatiempo favorito.

Ya no pertenece a ninguna banda, sus amigos se perdieron con los años y ni recuerda el tiempo que lleva de desintegrado el grupo musical, pero no ha dejado de tocar el saxofón. Primero lo hacía solo, luego de terminar cada jornada laboral, sentado en el balcón de su casa, como si se tratara de una terapia ocupacional, un ejercicio que le servía para desconectar de las presiones del trabajo, pero más tarde encontró una mejor manera para encausar su pasatiempo favorito.

Cuando el costo de vida subió y el sueldo de Francisco como mecánico dental no era suficiente para cubrir las necesidades de la familia, decidió buscar una nueva entrada de dinero para la casa, un segundo trabajo que pudiera realizar sin afectar su labor de mecánico dental, alguna actividad que pudiera desempeñar durante los fines de semana o en los días libres.

Francisco se considera un hombre respetuoso de la ley, por eso nunca pensó en realizar su labor de mecánico dental por ‘la izquierda’, este tipo de trabajo especializado está prohibido como actividad independiente. Por eso, sin importar los altos ingresos que pudiera conseguir al realizar ilegalmente esta labor, desechó tal posibilidad, él no se concibe traficando materiales, montando un taller clandestino y atendiendo clientes en su casa.

Pero Francisco siempre ha sido un tipo simpático, el clásico animador voluntario de cada fiesta o reunión familiar, el que hace reír hasta al más pesado de los invitados con sus ocurrencias y cuentos. Así que combinó su carácter con su habilidad musical y ahora trabaja como payaso.

Desde ese día es normal encontrarse a Francisco, cada sábado o domingo, totalmente maquillado, a bordo de su bicicleta y con la caja del instrumento atada en la parrilla. Él mismo cuenta que puede atender hasta tres cumpleaños por día, con los ingresos que alcanza a recaudar entre sábado y domingo, logra equiparar y, en algunas oportunidades, hasta a superar el sueldo mensual que cobra en la clínica por su trabajo como mecánico dental.

A veces carga con uno de sus hijos y consigue que el muchacho participe en las fiestas donde él trabaja y que regrese a la casa bien comido y divertido.

Al principio sentía un poco de pena de que sus conocidos le vieran disfrazado de payaso, algunos llegaron hasta aconsejarle que lo pensara seriamente, porque un hombre de su nivel no debía desprestigiarse de esa manera. Pero la realidad fue más fuerte que todos los temores y consejos que le pudieran dar. Sus ingresos aumentaron y su economía familiar mejoró de manera ostensible.

Pero ahora a Francisco se le han disparado todas las alarmas, él teme no poder mantener el actual nivel de vida de su familia. Su segundo trabajo amenaza con desaparecer. Contradictoriamente esto sucede justo ahora, cuando los cuentapropistas comienzan a tomar fuerza en el mercado cubano.

Según las leyes que regulan la actividad de los trabajadores por cuenta propia, los profesionales de la salud no pueden obtener licencias de cuentapropistas. La profesión de mecánico dental está considerada como una carrera universitaria y al obtener un título de esta especialidad, Francisco es clasificado como un profesional de la salud. Sin proponérselo, con sus estudios se autoexcluyó de la lista de los cubanos que pueden laborar en el sector de los trabajadores privados.

A pesar de las malas noticias, ahora mismo Francisco sigue dedicando sus fines de semana a alegrar los cumpleaños infantiles con sus chistes y canciones, pero sabe que no podrá permanecer haciéndolo por mucho tiempo sin ser detectado por los inspectores. También sabe que cuando esto suceda habrá terminado su carrera de payaso.

Pero mientras Francisco encuentra una solución al problema o una nueva forma de garantizar los ingresos extras para su familia, él prefiere continuar arriesgándose, así que con la cara completamente pintada, sigue navegando por la ciudad en su bicicleta, mientras vigila para evitar el encuentro no deseado.

 

Antes de llegar a donde le esperan los niños impacientes, Francisco va repasando los chistes y las melodías que empleará, quizá tratando de no recordar lo complejo que se le presenta el futuro. Pero de algo sí está seguro, él nunca dejará de tocar su saxofón.