«

»

Dic 12

El masajista de Cuba

Carlos Alberto tiene manos grandes y poderosas que desentonan con sus formas afeminadas y su cuerpo delgado.

Es un muchacho joven de unos treinta años, notoriamente amanerado, que viste bata blanca y carga un enorme maletín. Pareciera un médico que olvidó quitarse la indumentaria del hospital y regresa a su casa con las mismas ropas con que impartió consultas a sus pacientes.

masajista-cubano-150x150“Algunos me creen doctor, pero cuando se me acercan el olor a bálsamos y cremas mentoladas me delatan”. Carlos Albero es fisioterapeuta, pero él prefiere que lo llamen de otra forma, “si digo así nadie me entiende, mi profesión en Cuba siempre ha tenido el título de masajista”, explica, al mismo tiempo que con cuidado extremo coloca el maletín sobre la mesa de su casa.

Con gesto de cansancio se entrega a dos actos a la misma vez, desabotona su bata con ambas manos al mismo tiempo que se descalza valiéndose de sus pies, de forma sincronizada, deja caer los zapatos y la bata en el suelo, entonces retoma la conversación: “En este país tenemos la ‘machería’ de los españoles y si te pones a decir fisioterapeuta muchos pensarán que se trata de algo flojo o reprochable”, bromea.

Cómo es su trabajo

Mientras, alinea los instrumentos que va sacando de su maleta, que dice parecen objetos de tortura, muestra trozos de madera con ruedas, algunas hileras de bolas, aparatos eléctricos, toallas y varios envases de cremas o ungüentos olorosos.

Al final acomoda un pequeño reproductor de discos compactos, “yo siempre ambiento mis sesiones con música, así el cliente se relaja más y me permite trabajar mejor sobre sus músculos”.

Dentro del propio maletín hay un compartimento separado de donde saca una carpeta plástica que contiene todas sus licencias y permisos. “Soy cuentapropista, tengo mis licencias en orden, pero en esta profesión, a diferencia de muchas otras licencias, yo necesito estar debidamente calificado, mi título vale para esta profesión”.

Los fisioterapeutas necesitan haber cursado estudios y además haberlos aprobado, solo con el título que les avale como un profesional de la fisioterapia, un masajista podrá obtener su licencia de trabajador por cuenta propia.

Sobre su clientela explica: “Mi trabajo es un poco difícil, el cubano tiene un poco de complejo con los masajes, nunca ha sido una práctica habitual entre los hombres darse masajes, hay un tabú con eso, lo que me complica un poco el panorama porque soy homosexual y muchos no se dejan ni tocar por mí”.

Carlos Alberto sonríe como si confesar algo evidente hubiera tomado por sorpresa a alguien. “Pero con las mujeres la cosa cambia, tengo una clientela tan amplia que me cubre tres sesiones cada día”. El trabajo del masajista depende de la presión y fuerza de sus manos, solo puede hacer tres sesiones diarias, el agotamiento muscular le impide extender su jornada de trabajo.

 

“Este trabajo tiene mucho futuro, hay bastante clientela y muchos especialistas que desconocen esta posibilidad, eso sí, a tu casa no va nadie así que si pretendes dedicarte a esto tienes que estar convencido de que vas a caminar como nadie, al cliente siempre hay que buscarlo en su casa”.

El trabajo precisa además de condiciones específicas. “No es como en otros países que la moda es dar masaje sentado, la costumbre cubana es a lo tradicional, el cliente siempre se acuesta y si en su casa no tiene una camilla para masajes la cosa se te complica, por eso trato de reunir a los tres clientes del día en un mismo local con condiciones, en la casa del que tenga camilla, eso me ahorra trabajo y me facilita el día”.

Es un trabajo que rinde muy buenos dividendos, una labor muy rentable y fácil de legalizar. “Tengo conocidos que trabajan de masajistas en hoteles o centros de turismo, allí reciben propinas, pero te aseguro que ninguno gana lo que yo, por eso algunos se están pasando a cuentapropistas”.

Carlos Alberto vive con su pareja, que le recoge turnos por teléfono y le prepara el plan de visitas de la semana. “No tengo licencia para que él trabaje, pero como este negocio se trata de algo tan poco conflictivo, los inspectores como que se hacen de la vista gorda, ni multas nos ponen”.

Esta profesión no se encuentra entre las labores excluidas del trabajo por cuenta propia, no son especialista de la medicina y ello les permite vincularse al mercado de los trabajadores por cuenta propia.

“Pero no todo es color de oro”, advierte Carlos Alberto, “paso mucho trabajo para encontrar las cremas, por eso soy un artista estirando las que tengo, uno nunca sabe cuándo tendrá otra crema, así que utilizo el mínimo, a extender se ha dicho, al cliente le recompenso la falta con mucha música y presión de manos que así vamos tirando”.