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Dic 11

El guía turístico cubano

Damián es un muchacho joven espigado y de buena conversación, pero su profesión de guía turístico aflora constantemente sin importar el tema sobre el que gire su conversación. “Trabajé por cinco años con la empresa estatal Habaguanbex, que se llama así porque ese era el nombre del cacique indio que fundó el poblado que hoy es la ciudad de La Habana”.

El trabajo como guía turístico

El muchacho va acompañado de dos mujeres que resultan evidentes turistas y que atienden sus explicaciones en un fluido alemán. Por momentos, Damián interrumpe su disertación sobre balcones barrocos y zanjas reales para vigilar los alrededores. “Después de tanto tiempo perdí mi trabajo, fueron ‘problemas del corazón’ con una turista, alguien me denunció diciendo que yo atendía a la muchacha en horario de trabajo”.

Damián niega con la cabeza con exageración y con un gesto melodramático, se cubre con la mano derecha la parte izquierda de su pecho, “yo juro que esto es falso, la muchacha me encantaba pero yo seguía haciendo mi papel de guía, ella quería ver la parte de los muelles del puerto y por eso me desvié un poco del circuito habitual, pero estaba trabajando”. El muchacho vuelve a su conducta normal, deja caer su brazo, esta vez sin estilo y apesadumbrado agrega, “al final nadie me creyó”.

La Ciudad de la Habana está llena de lugares pintorescos e históricos, pero en la parte conocida como La Habana Vieja se concentran la mayoría de las plazas y edificaciones coloniales, este trozo de la ciudad es el periplo obligatorio de todos los turistas que llegan a la capital cubana, por ello es común ver a grupos de visitantes atendiendo a las explicaciones de guías uniformados.

Conociendo la ciudad

Damián mira a los guías que se mueven por la Plaza de la Catedral y se le nota la nostalgia. “Yo era uno de ellos, me conozco cada rincón de la ciudad y la historia de cada piedra o cañón viejo, por eso cuando me quedé sin trabajo no tenía otra opción y seguí haciendo de guía turístico pero esta vez por mi cuenta”.

Los guías turísticos tienen un sueldo oficial que les paga la empresa que les contrata, pero su ingreso principal depende de las propinas que les obsequian sus clientes. Estas propinas si bien son en menor cuantía que el salario que reciben, resultan importantes porque son en monedas convertibles o CUC, lo que aumenta el poder adquisitivo de estos trabajadores del turismo.

“No soy cuentapropista porque no me dieron la licencia, así que no me puedo anunciar. Yo vivo del turista que me encuentro andando solo, por su cuenta, sin un guía. Mi trabajo es difícil porque tengo que cuidarme de mis antiguos compañeros y de los inspectores, te juro que más de una vez he tenido que correr y dejar solo al turista en medio de una ruta, sin poder cobrarle, porque peor es que te detengan o te multen”.

El problema está en que la Habana Vieja es un lugar de mucha aglomeración de turistas y se ha convertido en el sitio preferido para vendedores clandestinos, traficantes ilegales y ladrones o arrebatadores de prendas al descuido. Esto ha obligado a aumentar la acción policial en la zona, lo que afecta la gestión de Damián.

“Yo no vendo nada, ni tabaco, ni coral negro, no propongo oro, ni hablo de mujeres, lo mío es la ciudad, sus plazas y sus sitios”, dice Damián con evidente insatisfacción. “Con los policías pagamos justos por pecadores, nos tratan como delincuentes a todos, y no me puedo ir a otro lado de la ciudad porque solo aquí vienen los turistas, así que ya sabes, a navegar con suerte y tratar de descubrirlos a ellos antes que te descubran a ti”.

El turismo es un sector de desarrollo estable en Cuba, su crecimiento constante hace que hoy sea la industria de las industrias, superando a la zafra azucarera y a la producción de tabaco. Los trabajadores del turismo son una especie de fuerza laboral privilegiada y por ello la máxima aspiración de todos es llegar a vincularse con la exitosa industria.

“Pero tienes el problema que cuando te botan una vez, quedas marcado por mucho tiempo”, aclara Damián. “He ido a otras empresas del turismo y en todas me sale mi antecedente con Habaguanex, así que voy a tener que esperar por lo menos dos años para poder meterme otra vez en el turismo, pero mientras tanto ¿de qué vivo?”.

Damián se arriesga cada día, sabe que si le detienen varias veces ya no le pondrán multas sino que tendrá que comparecer ante un tribunal por el delito de Actividad Económica Ilícita, pero esto es algo en lo que él prefiere no pensar. “Aquí se vive al día, no tengo tiempo para mirar tan lejos, en lo que llega el momento me voy defendiendo”.

Hay otras profesiones que puede desempeñar pero su alemán y su experiencia como guía hace que tampoco sopese otra posibilidad. “Esto es lo mío, no quiero aprender otra cosa, es algo legítimo. La gente que viaja me cuenta que en lugares como República Dominicana y Puerto Rico han visto a guías como yo, trabajando por su cuenta y sin que nadie se meta con ellos, a eso es a lo único que aspiro, a que me dejen ganármela solo, si al final no estafo ni engaño a nadie, no hago daño para nada”.

Si la industria del turismo fuera más flexible a la participación de los cuentapropistas en el sector económico del momento, muchas de estas conductas ilegales desaparecerían del acontecer nacional y con ello no habría ningún riesgo para el estado, ni para Damián.