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Nov 18

El anunciador

Hay una feria artesanal que funciona todos los fines de semana en el área de la ciudad conocida como el Malecón

Allí, en una especie de plaza, se reúnen cientos de artesanos que pagan licencias para poder comercializar sus productos en moneda nacional y los presentan atendiendo a las necesidades y demandas populares de producciones manufactureras.

De qué va esta feria

A los artesanos no les basta con tener la licencia y los permisos para comercializar, también tendrán que rentar el espacio de la plaza del Malecón donde venderán sus productos, esta operación de renta les permitirá además tener acceso al servicio de energía eléctrica para cualquier exhibidor o equipo que complete su oferta.

Hasta allí llego Isidro con su equipo de audio, cuando solicitó rentar un espacio causó un poco de asombro, puesto que no tenía licencia de artesanos, no había problema en rentarle el espacio pero le debía quedar claro que no podría vender desde allí, porque además de ser ilegal vender sin licencia, un ejército de inspectores de todo tipo deambulan por la plaza durante todas las horas de operaciones.

Isidro insistió en su espacio y aseguró que no vendería nada, su objetivo era instalar grandes equipos de audio que trasmitirían música y anuncios durante todo el día. Como no se veía nada ilegal o actividad reprochable en las intenciones de Isidro le fue otorgado el espacio en renta y todos quedaron atentos a ver cómo recuperaría el gasto que conllevaba consumir un espacio y gastar electricidad en la trasmisión de música con aquellos inmensos aparatos.

Pero Isidro la tenía bien pensada, él sería una especie de propaganda cautiva de la plaza, a cada artesano le cobra un suma insignificante por anunciarse y así, entre uno y otro número musical Isidro anuncia dónde se venden los zapatos de suela de goma o las coladeras de café.

El cliente que llega a la plaza, gracias a Isidro sabe a dónde dirigirse directamente, muchos ni esperan por los anuncios, van y le preguntan directamente. En la medida que le paguen a Isidro, dependerá la frecuencia con que los artesanos serán anunciados.

Desde pájaros hasta vestidos, miniaturas y grandes tallas de madera, todo lo que hay en la plaza es anunciado por Isidro ante la mirada atónita de los inspectores, que revisan sus reglamentos sin poder encontrar alguna norma que permita calificar la actividad de Isidro como un acto legal o una conducta ilegal.

Las enormes bocinas de Isidro están en un limbo legal, no hay nada que las apruebe o las prohíba y por ello siguen sonando a todo lo que da su capacidad, aclarando que para quienes prefieren refrescar hay jugos, refrescos y otras bebidas en la tercera fila de la segunda columna, justo al lado de la avenida. O que los mejores cinturones de cuero los tiene Luis, a dos puestos del suyo, todos con hebillas de bronce.

Luego de dos meses algo pasó con Isidro, un fin de semana, cuando llegó al lugar, la dirección de la feria se disculpó con él pero no le rentó el espacio, dicen que había muchos artesanos esperando y que ellos tienen preferencia sobre Isidro, que la Plaza estaba concebida para la venta de artesanía y no para el anuncio de las mercaderías.

Isidro cree que le sacaron los inspectores, que no encontraron una manera legal para prohibirle y recurrieron a este cuento o justificación. Insiste en que le jugaron sucio, alguien además le contó que le habían copiado el invento y que en unas semanas habrá una persona de la administración de la Plaza haciendo lo mismo que él.

 

Como consuelo dice que al menos eso muestra lo exitoso de su invento

Isidro no se quedó tranquilo, ahora está en el agro mercado de 19, cerca de la feria. Allí ha montado nuevamente sus equipos y anuncia las mejores coles o la carne más limpia en el estante del chino, junto a otros productos frescos que acaba de llegar del mismo campo.

Sabe que ya los inspectores registran sus reglamentos y que le tienen como un intruso dentro del mercado, pero mientras llega el momento de enfrentarlos, Isidro sigue anunciando aguacates maduros o el maíz desgranado de Rosa.

“Si me sacan de aquí me seguiré moviendo por toda feria, agro mercado o tienda artesanal de la ciudad, al final se convencerán que no hay nada malo en lo que hago, que es una cosa nueva pero buena y que mejor será que me legalicen y me dejen actuar”.

Isidro, sobre todas las cosas, es perseverante, sigue trabajando a pesar de que ya algunos inspectores le insisten en que con su música molesta a clientes y vendedores, él se queda pensando por un momento y entonces realiza una peculiar prueba de mercado, Isidro dice por el micrófono que todo el que esté contento con su gestión que lo exprese gritando y un enorme bullicio se adueña del mercado.

El sonríe y vuelve a lo suyo, a anunciar las ventajas del carnero deshuesado que vende Juan José o las garantías de llevarse los plátanos de Lidia.