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Mar 03

Anécdota Cubana

José Julián es dueño de una camioneta antigua, un modelo que en cualquier parte del mundo funcionaría solo como capricho de coleccionistas, pero que en Cuba resulta un tesoro, un instrumento de lujo, es que pocos choferes privados tienen la posibilidad de poseer camiones, camionetas o paneles de transporte a su nombre.

Los propietarios de este tipo de vehículo se sienten afortunados puesto que en ellos tienen la herramienta principal con que pueden contar para el trabajo privado de acarreo.

“Es un crimen tener un equipo como este y no emplearlo en el transporte de mercancías”, advierte José Julián mientras paño en mano más que limpiar, pule la carrocería del viejo vehículo. “El mío es excepcional, es uno de los mejores conservados, lo pinto cada dos años como mínimo”.

José Julián contempla el vehículo como si se tratara de un animal de cría. “Por él me han ofrecido de todo, pero que va…, no se vende”. El vehículo realmente luce en muy buen estado, mantiene sus líneas originales, algo muy difícil después de tantos años de uso, la pintura es azul brillante con un tono que refleja la luz solar y que llega a ser molesto para la vista. El espacio de carga está reforzado por un sistema de tuberías niqueladas que sobresalen por los bordes de las tapas laterales, es todo brillo la camioneta.

“Tengo licencia de transportista privado, es mi trabajo desde hace mucho tiempo. La camioneta la heredé de mi padre y ya desde entonces él cargaba con ella”. Del espejo retrovisor interno cuelga una especie de porta documentos que guarda y exhibe a la vez la licencia oficial que le permite a José Julián desempeñarse como trabajador por cuenta propia del transporte.

“Lo mío no es el pasaje, yo me dedico a mover mercancías. Antes lo hacía con el Estado pero la cosa está tan floja que ahora ando mirando para el sector privado, en días malos me verás afuera de las tiendas en dólares, cazando al que se compra un refrigerador, un mueble o algo grande, cobro poco pero no me voy en blanco”.

Hace algunos años esta flotilla de transportistas privados dependía directamente de sus contratos con entidades estatales a las que servían de complemento para mover producciones, materias primas y productos. En esta asociación con el Estado tenían una garantía de trabajo para todo el año, pero la economía se redujo y lamentablemente hubo menos cosas que mover de un lugar a otro.

“Por esa crisis nos tuvimos que ir para la agricultura, ¡cómo cargamos cosas en el campo!, pero ¡cómo se ensuciaba y aguantaba el equipo!”, dice con cara de sufrimiento, como si le dolieran los guardafangos sucios o los espacios de cargas llenos de restos de vegetales y tierra.

La agricultura empezó a perder fuerza también y el mercado de los transportistas privados se vio reducido otra vez. “Cuando empezaron a desactivar centrales azucareras fue lo peor de todo, los camiones que se usaban en la zafra se dedicaron a las tareas que hacíamos nosotros, llegaron a sobrar camiones del Estado y los tenían que guardar envueltos en grasa, así que para nosotros no quedaba nada”.

Muchos transportistas de carga adaptaron sus camionetas y camiones para mover pasajes. Como el transporte colectivo casi había desaparecido, encontraron un fuerte sector de mercado desatendido y del que todavía sacan beneficios.Cuba-1-150x150

Los transportes privados son una fuerte ayuda para el movimiento interprovincial de pasajeros y se depende de ellos a nivel nacional. Algunos vehículos están abiertos y otros con protección para la lluvia o el sol. Las cargas de los camiones ya no llevan cajas o mercancías, han sido adaptadas para que los pasajeros se sienten en largos bancos de madera.

“Yo preferí quedarme en el acarreo, pero cada vez hay menos que mover y afuera de las tiendas somos más camionetas que gente comprando”, dice mientras sigue en su labor de limpieza, “me parece que me quedé atrás, tenía que haberme movido con todo el mundo para los pasajes, pero tenía miedo de estropear mi Ford del 50”.

Los dueños de vehículos de transporte, con su conducta, hacen valer una premisa importantísima para el negocio privado, adaptar su gestión a las condiciones del mercado. Con rapidez increíble se han movido del transporte industrial o agrícola hacia el transporte urbano, así sobreviven, se desarrollan y mantienen sus ingresos.

José Julián está limpiando el cristal trasero del vehículo que tiene una enorme calcomanía de un águila en muchos colores. “Tengo tan bonita la camioneta que me da pena llenarla de pasajeros”. Pero con esa actitud va a perder hasta el ridículo dibujo del parabrisas, que de tanto cuidar la camioneta va a terminar vendiéndola por no poder mantenerla, que es preferible ensuciar o rayar un poco su ‘joya’, como él le llama, o de otra forma pronto será ‘la joya’ de otro.

Adaptarse al mercado es la primera condición para subsistir, su camioneta es muy pequeña como para que el mercado se adapte a ella.

“Tienes razón”, dice y sigue restregando los vidrios de su adorada Ford, modelo 1950.