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Ago 11

Abilio y el diesel

En la provincia de Pinar del Río cunde el pánico entre los cuentapropistas del transporte. Según se comenta las autoridades del transporte, de conjunto con inspectores de la ONAT y la policía, están preparando una operación para reclamar a cada uno de los transportistas una declaración justificada de todo el consumo de combustible que tuvieron durante el año anterior.

Ya se conocen algunos datos que adelantan la tormenta que se avecina. Al parecer la declaración presentada por todos al finalizar el año 2009 no logra compaginar con los resultados obtenidos en otros controles estatales realizados en paralelo.

La mayoría de los vehículos de trasporte empleados por los cuentapropistas de esta especialidad cuentan con motores que operan con combustible diesel, puesto que es algo más barato en su precio que la gasolina en sus diferentes octanajes.

Por su parte, las estaciones de suministro de combustible en todo el país son de control estatal. Estas instalaciones gozan de la exclusiva nacional para la venta de combustible al sector privado.

Y son las propias gasolineras de Cuba las que han dado la voz de alarma. Los modernos sistemas de control con que cuentan han podido demostrar que los 289 camiones, las 198 camionetas, los 93 jeeps, los 703 autos y los ocho paneles con motores diesel, oficialmente registrados en la provincia, lograron circular durante todo 2009, sin acudir apenas a las pistas de combustible.

Según este informe, el total de 1,293 vehículos privados con motor diesel que se encuentran registrados con placas de Pinar del Rio, durante todo 2009 solo consumieron en los servicentros estatales una cantidad promedio de 6.6 litros por vehículo.

Aspecto imposible de justificar puesto que la mayoría de ellos cuentan con licencias de cuentapropistas en la modalidad de porteadores particulares y operaron de manera satisfactoria durante todo el año. Lo que lleva a una sola conclusión: el suministrador principal de combustible para la actividad del transporte de los cuentapropistas no es otro que el perseguido mercado negro.

Abilio Betancourt sabe que por las iniciales de su nombre está entre los primeros que serán llamados por la comisión que se prepara, y a bordo de su enorme camión de transporte, mientras mueve pasaje de Pinar del Rio a la Habana, va elaborando estrategias y justificaciones para cuando llegue su momento. “Imagínate, ¿qué voy a decir?, si ellos saben que la mayoría de los choferes le compramos el petróleo a los trabajadores del Estado”, razona consigo mismo el contrariado Abilio. “Aquí vende combustible desde el propio pistero hasta los responsables de las bombas de regadío en la agricultura”.

El gobierno no ha podido evitar el robo y el desvío de combustible del sector estatal, a pesar que en los recientes años han desarrollado varios métodos para aumentar el control de las operaciones, pero al parecer no han logrado el resultado esperado.

“Ni con las bombas chinas automatizadas, ni con las tarjetas magnéticas han podido controlar el relajo, entonces prefieren apretarnos a nosotros, están agarrando la soga por la otra punta y así no van a resolver nada”, dice Abilio sin quitar la vista de la avenida.

Abilio comienza a frenar la marcha para recoger pasajeros en una especie de terminal intermedia, pero no cesa de lucubrar. “Fíjate que ninguna estación, o planta, o centro de trabajo reporta que se le perdió parte del diesel que le asigna el Estado, pero basta el cuento de que nosotros no echamos combustible el año pasado para que nos vengan arriba. Somos el lado más fácil de reclamar”.

A todo nivel del país se ha desatado una batalla contra la corrupción. Pero la crisis que vive el país conspira contra la toma de conciencia a que aspiran los sectores de gobiernos provinciales.

Abilio corrobora que es cierto el esfuerzo estatal. “Cada vez encuentras menos suministradores y de los que hay pocos sirven, te encuentras muchos que venden mezclas que no funcionan o algunos inspectores encubiertos haciéndose pasar por pisteros”, dice el chofer que ahora cobra el pasaje a los nuevos clientes que suben a la carga del camión, remodelada con largos bancos de madera.

Los rumores de la rendición de cuenta que está por llegar han asustado a todos los choferes, pero según las autoridades ni con ello el mercado negro ha detenido sus operaciones. Los indicadores de los tres primeros meses del año 2010, demuestran que los vehículos particulares que funcionan con diesel mantuvieron la tendencia de no acudir a las pistas de combustible legales, por lo que es evidente que consumen combustible de otra fuente.

Abilio confirma el dato. “Algo está claro para todos los transportistas, comprando el diesel a los garajes del Estado no hay quien pueda dedicarse a este negocio, te arruinas enseguida, así que o bajan el precio o inventan algo, pero así no se puede”.

El camión vuelve a incorporarse a la vía, su motor ruge con el sonido peculiar de la combustión del diesel. Abilio, detrás del timón nuevamente, suena pesimista. “Quizá me obliguen a parar el negocio, o me pongan una multa impagable, porque no existe una mentira que pueda justificarme”. De repente sonríe, “de verdad que exageramos con los seis litros del año pasado, es un cuento que nadie se cree”.